Revolución de Octubre de 1934. El asalto a la sucursal del Banco de España en Oviedo


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Escrito por Marcelino Laruelo./ Asturias Republicana   

Banco de España en Oviedo.Con dinero y sin dinero,
hago siempre lo que quiero
y mi canción es la ley.

 Si los esclavos del mundo hubieran estado esperando a ganar unas elecciones para conseguir su libertad y sus derechos, seguramente que estarían todavía con un grillete en la pierna. Si los pobres del mundo esperan a obtener una victoria electoral para... Y es que no se puede comparar, como el subfranquismo pretende, el derecho de los pueblos a rebelarse contra lo que creen injusto, con el hecho de que cuatro generales se subleven con las fuerzas a sus órdenes contra el gobierno y el estado que se las dio. ¡Parece mentira que aún haya que recordar esto!

Pero a los alféreces de complemento (del ejército de Franco) que se adueñaron del PSOE y a los alféreces provisionales (del mismo ejército de Franco) que ocupaban el Estado (franquista), la revolución de Octubre de 1934, como la de Julio de 1936, y la contrarrevolución y la represión que las siguieron, eran páginas que les estropeaban el guión que para la nueva coproducción escribían. Silencio, pues. Más de treinta años hace.
Vamos a lo que vamos. Octubre de 1934: a Oviedo llegó en el exprés de Madrid Teodomiro Menéndez, diputado socialista, ex subsecretario de Obras Públicas con Prieto de ministro y hombre al que se le considera adscrito al ala moderada del PSOE. En la estación, le estaba esperando Junquera, el contable de Avance y de la Mina San Vicente, propiedad del SOMA. Teodomiro le dio en mano los tres cheques firmados en blanco por Amador Fernández que éste le había entregado en Madrid para pagar los salarios de los obreros de la mina y del personal de Avance.
Cuenta la leyenda que en la cinta del sombrero de Teodomiro venía la orden de la ejecutiva ugetista de declarar la huelga. No se sabe de nadie que haya dicho lo que traía el papel: ¿huelga general?, ¿huelga general revolucionaria y toma del poder? Y yo pregunto: ¿por qué para Asturias la consigna habría de ser diferente de la de "huelga general pacífica" dada en Madrid? En el edificio de Avance, sede también de la Casa del Pueblo, están los jefazos del SOMA y del PSOE. Hay que dejar claro que la orden que llegó de Madrid fue dada sin consultar ni a los miembros de la Alianza Obrera ni a la CNT.
Nadie en su sano juicio, ni en 1934 ni ahora, puede imaginarse a la UGT y al PSOE encabezando la revolución contra el estado burgués, dirigiendo el asalto al poder e instaurando el "comunismo libertario". Ya cuesta mucho suponer a Indalecio Prieto, a sus 51 años, esperando de madrugada en la playa de Aguilar a que llegara el bou Turquesa con el armamento que se habría de utilizar en el movimiento revolucionario. Y no menos esfuerzo se necesita para suponer a Ramón González Peña dirigiendo, pistola en mano, al pelotón de revolucionarios que el día 7 de Octubre inició el ataque al edificio del Banco de España, en Oviedo. Porque si la socialdemocracia se ponía entonces así, ¿qué les dejaban para los revolucionarios?
A finales de 1933, la CNT había cosechado su enésimo fracaso insurreccional y el PSOE (y la UGT) habían perdido las elecciones y se veían privados del disfrute del poder. La derecha estaba en el gobierno de la República de "trabajadores de todas clases" y amnistiaba al (ex) general golpista Sanjurjo, pero dejaba en la cárcel a los dirigentes sindicalistas. Largo Caballero expresó en un discurso el sentir de la mayoría de los socialistas: "Se nos echa de la República, camaradas, y de seguir así, el Partido Socialista no tardará en vivir en la clandestinidad." Condenados a entenderse, surgieron las primeras alianzas obreras: la catalana, marcadamente nacionalista/federalista; la asturiana, revolucionaria.
Los socialistas y los partidos de izquierda estaban muy temerosos ante el auge de los totalitarismos en toda Europa y por la presión de la ultraderecha hispana hacia posturas "europeas". Y en aquella Europa de 1933 y 1934, Churchill alababa a Mussolini, monseñor Ludwig Kaas y su partido católico votaban en el parlamento alemán a favor de los nazis y Dollfuss instauraba el austrofascismo. Esa situación fue la que llevó a que en Asturias se fraguase la Alianza Obrera entre la UGT-PSOE y la CNT. El acuerdo de constitución de la Alianza Obrera lo firmaron socialistas y anarquistas en un reservado del bar Casa Manfredo, en Gijón, el día 27 de Abril de 1934: ¡y ojo con todo lo que se trama en la mesa de un bar! Allí estamparon su firma Bonifacio Martín (UGT), Graciano Antuña (FSA-PSOE), y José María Martínez, Horacio Argüelles y Avelino González Entrialgo (los tres por la CNT). Ya hacía tiempo que se habían puesto de acuerdo para trabajar juntos por el triunfo de la revolución social, la conquista del poder político y económico para la clase trabajadora y la instauración de forma inmediata de la República Socialista Federal. Escrito está. Así que parece difícil negar el carácter revolucionario de la Alianza Obrera Asturiana. A ella se sumarían después, reforzando más esa tendencia, la Izquierda Comunista, el BOC y, en el último minuto, el PCE.
Pero el Partido Socialista y la UGT nunca fueron organizaciones revolucionarias, y Largo Caballero, tampoco. Su actuación en Diciembre de 1930 y en Octubre de 1934 así lo corroboran. Incluso ya en plena guerra civil, cuando Largo Caballero fue llamado a presidir el gobierno se dedicó a reconstruir el aparato de estado burgués y a finiquitar la revolución. Y la FAI, que controlaba la CNT, no apoyó la Alianza Obrera ni la huelga general de Octubre. Sin embargo, durante la guerra, también se podría comprobar la colaboración faísta participando con ministros en gobiernos que dirigían la contrarrevolución en la retaguardia y en el frente.
Para ayudar a comprender mejor lo ocurrido en Asturias en Octubre del 34, hay que mirar a la Revolución alemana de 1918/19 y al tristísimo papel que la socialdemocracia jugó en favor de la contrarrevolución. Pero todas las trapacerías políticas y maniobras internas, a nivel nacional, de faístas, besteiristas, prietistas y caballeristas; todas las dudas e indecisiones, las resolvió un minero:
-¡Cagüen mi puta madre, con esti lío acabo yo ahora mismo!
Prendió la mecha y tiró el primer cartucho de dinamita contra un cuartel de la Guardia Civil. Porque un paisano con una escopeta pega cuatro tiros que no dan a nadie, pero con un cartucho de dinamita se echa abajo un cuartelillo. Y en Asturias había mucha dinamita y mucho dinamitero. Así comenzó la revolución y así suelen comenzar las revoluciones: desbordando a las direcciones, a los planes y a las consignas. La dinamita y un resuelto ambiente revolucionario marcaron desde el primer momento la diferencia de Asturias con el resto de España.

El asalto a la sucursal del Banco de España en Oviedo.
La dinamita y la decisión van rindiendo los cuarteles, las comisarías de policía y los ayuntamientos de buena parte de Asturias. Y sobre Oviedo confluyen las columnas obreras dispuestas a adueñarse de los resortes del poder, del poder provincial. Son los guardias, la policía y los carabineros los que les oponen mayor resistencia. Parece que hubiera como un temor a sacar a los soldados a pelear por las calles, no fuera que desertasen y se pasasen a las filas de los revolucionarios. Ramón González Peña dijo que quería haber tomado los cuarteles por sorpresa en las primeras horas de la revolución, seguramente porque contaba con la complicidad de parte de los reclutas y la pasividad del resto. En los posteriores consejos de guerra a que fueron sometidos los mandos de las guarniciones, se les achacó falta de decisión y de espíritu militar. Y hubo general que afirmó que si no se hubieran traído de Africa las tropas coloniales, se hubiera tardado, como mínimo, tres meses en dominar a los revolucionarios.
Estos revolucionarios, convertidos en guerrilleros, funcionaban en grupos y cada grupo tiene un jefe o líder que recibe las órdenes y transmite las novedades a los enlaces del Comité de la Alianza Obrera. Van armados de fusiles, escopetas y pistolas, pero se abren paso con la dinamita y la gasolina. No están militarizados, no son un ejército, por eso mantienen también una natural obediencia y consideración para con los líderes sindicales y políticos que conocen.
Pero no se olvide que la primera casa que fue destruida en Oviedo, fue la Casa del Pueblo, en la calle Altamira, donde tenía la redacción y talleres el periódico socialista Avance. Y fue un pelotón de guardias de Asalto, al mando de un teniente (¿qué sería de ese teniente?), los que la incendiaron después de registrarla en busca de armas, que no encontraron, y de detener en las oficinas de Avance a su director, Javier Bueno, y a los concejales socialistas Jesús de la Vallina y Luis Oliveira, a Adolfo Cadavieco y Vicente Bravo, y a cuatro personas más. Javier Bueno sería objeto de crueles torturas y condenado en consejo de guerra a reclusión perpetua y a resarcir al estado con setenta millones de pesetas... Pero, como diría Moustache: "esa es otra historia".
Casa del Pueblo y sede de Avance en Oviedo destruida
por agentes de la reacción.
En Oviedo, se va estrechando el cerco de las posiciones gubernamentales. Las guerrillas encuentran fuerte resistencia en el palacio de la Diputación. Al amanecer del día siete de Octubre, varios grupos tratan de rodearlo por detrás. Pero desde el edificio del Banco de España, una pequeña fuerza les hace fuego y les contiene. Son los tres carabineros de protección del Banco que han sido reforzados con una patrulla del ejército formada por un sargento, un cabo y seis soldados de Infantería. La parte trasera de este edificio se encuentra en obras, lo que supone una ventaja para los atacantes. Sitiados, los defensores del Banco terminan por agotar las municiones y no tienen otra opción que la de rendirse cuando amanece el día nueve: ¡Ya está el Banco de España en poder de los revolucionarios!
El jefe del grupo mandaría un enlace al comité de la Alianza Obrera para enterarles de que eran los amos de la catedral del dinero. ¿Y qué es lo que haría cualquiera que de repente se viera dueño de un banco? Pues abrir la caja fuerte para ver lo que hay dentro, ¿o no?
Una revolución se hace para tomar el poder, y el poder puede resumirse y concretarse en la posesión de tres máquinas: la máquina militar, la máquina del BOE y la máquina de los billetes. Y eso es lo que hacen, a su modo, los revolucionarios en Oviedo: luchar para adueñarse de los cuarteles, de la Diputación y del Banco de España. Una revolución regional, porque, como todo el mundo sabe, el poder del estado residía y reside en Madrid, y en Madrid, la huelga general fue... ¡pacífica!, pese a algún que otro petardeo.
Se equivocan, o actúan de mala fe, los que tratan de presentar esta consecuencia de la Revolución como un vulgar atraco. De igual modo, hay que tener en cuenta que en esos primeros días de una revolución social, allá donde los revolucionarios mandaban, el dinero era suprimido. Por otra parte, en aquella sociedad española de los años treinta y de la II República no había, ni remotamente, ese afán alocado por el dinero, el consumismo y la propiedad que hay en nuestra época. La gente tenía muy poco y se conformaba con muy poco.
Pero los del comité de la Alianza, Graciano Antuña, que había sido su tesorero, y Ramón González Peña, que no era del comité pero mandaba tanto o más, sí sabían lo que había en el Banco de España. Allá irían a todo correr con gente de su más absoluta confianza para determinar sobre la marcha lo que había que hacer y cómo lo había que hacer.
 
El edificio del Banco de España en Oviedo.
Situado detrás del palacio de la Diputación, con fachada a la calle Suárez de la Riva, antes llamada Prologación de la del Fotán, y a la calle Principado por la parte trasera, en el archivo municipal de Oviedo se conservan unos planos que están fechados en Madrid, en Septiembre de 1915 y firmados por el arquitecto José de Astiz. Se trata del proyecto de edificio para la sucursal del Banco de España en Oviedo, que tomó como base, según Joaquín Aranda, otro anterior elaborado por el arquitecto Benito González del Valle, de ascendencia asturiana y afincado en Madrid.
De José Astiz fueron también los edificios que albergaron a las sucursales del Banco de España en La Coruña y en Pamplona, y dirigió la de Sevilla. Arquitecto con estudio en Madrid, Astiz estuvo asociado a Enrique Repullés en la construcción del edificio de la Bolsa en la capital de España.
Sucursal del Banco de España en Oviedo.
Muchos años después, en Junio de 1978, se inició en Oviedo el derribo del palacete de Concha Heres, a pesar del clamor popular en pro de su conservación. En esta ocasión, no fueron las hordas rojas ni la dinamita de los mineros, sino la familia Masaveu y la incompetencia municipal las que propiciaron y permitieron que la piqueta demoliese el que fue denominado "como uno de los mejores edificios urbanos del norte de España". Creo recordar que el negocio urbanístico se cerró con un acuerdo entre la propiedad y el Banco de España por importe de bastantes cientos de millones de pesetas. Junto con la construcción en la llamada finca de Concha Heres del edificio de la nueva sucursal del Banco de España en Oviedo, se produjo la cesión del antiguo de Suárez de la Riva. Cabe suponer que los políticos "beneficiarios" de la cesión chalanearían bajo cuerda para que el derribo del palacete pudiera llevarse a cabo.
Entre 1983 y 1986, los arquitectos Fernando Nanclares y Nieves Ruiz llevaron a cabo la remodelación del edificio de la antigua sucursal para adaptarla a las necesidades de su nuevo uso como sede de la presidencia del gobierno autonómico. Esta reforma conservó el aspecto exterior del edificio pero fue radical en su interior. Según los especialistas, fue uno de los mejores ejemplos en Oviedo de la recuperación de antiguos edificios (¿edificios o fachadas?).

¿Cómo se fuerza una cámara acorazada?
Si cuando se pierde la llave de una sencilla caja de caudales comprada a los chinos ya cuesta dios y ayuda conseguir abrirla, es fácil de imaginar que las dificultades no serían pocas para conseguir forzar la cámara acorazada de la sucursal ovetense del Banco de España. Y, por mucha dinamita que se tuviese, el riesgo de que a causa de la explosión el edificio se viniese abajo no me parece que fuera pequeño. Tampoco el de que el dinero se quemara dentro.
Supongo que los revolucionarios empezarían por lo más sencillo: pedir al director que la abriese. Normalmente, harían falta tres llaves: la del director, la del cajero y la del interventor. No sé si estarían los tres en el edificio o no. Pude hablar con Alejandro Rebollo, nieto del que entonces era director, Justo Alvarez Amandi. Pero su abuelo, que tenía vivienda en el propio banco, fiel al secreto y la discreción profesional, poco o nada había contado de estos hechos a la familia. Lo que sí recordaba haber oído Rebollo era que su abuelo, antes de que los revolucionarios entraran en el Banco, había tirado la llave de la caja por el retrete.
Los trabajos para hacerse con el contenido de la cámara acorazada se iniciaron inmediatamente bajo la dirección de Graciano Antuña, máximo responsable del Comité de la Alianza Obrera, y la supervisión de Ramón González Peña. No debió de ser tarea fácil. Hubo testigos que declararon haber visto llegar un camión con botellas de acetileno y oxígeno y varios sopletes. No escasearían, precisamente, oficiales metalúrgicos de confianza, de las fábricas de armas y de la Duro Felguera, para que realizasen los trabajos preparativos. Con un soplete de autógena se inició la acometida. Se colocaron las cargas de dinamita, pero la cámara acorazada resistió la explosión. A la segunda, fue la vencida.
El botín.En la memoria del Banco de España referida al ejercicio de 1934 se dice que la cantidad robada en la sucursal de Oviedo durante los sucesos revolucionarios fue de 14.425.060,60 pesetas: ¡caramba con la precisión contable! Eso de la calderilla ya me resulta a mí un poco sospechoso. Pero, para hacernos una idea cabal de la importancia de esa suma en aquella época acudí al catedrático de Economía José Manuel Agüera para ver si podemos "traducir" esa cantidad a su equivalente en nuestras fechas. Sabiendo que el sueldo de un minero andaría por las doscientas y pico pesetas y que un dólar se cambiaba a 7,39 pesetas, Agüera me dio también distintos índices de equivalencia para la peseta de 1934 respecto a la de 2001, según se referenciasen a los precios al consumo o el PIB, pero al final, optamos por la opción ponderada, según la cual, una peseta de entonces equivalía, aproximadamente, a 269,63 de nuestra época. Por lo tanto, el producto del asalto sería de más de 3.889 millones de pesetas de 2001. O sea, que lo del Banco de España de Oviedo fue una pastizara que tuvo que dar para mucho.
Aspecto de la puerta de entrada a las cajas de seguridad
de la sucursal del Banco de España en Oviedo tras la voladura.
Aparte del billetaje que resultó destruido a consecuencia de la voladura y del retirado de la circulación, los revolucionarios dejaron en la caja oro y joyas por importe de un millón de pesetas, entre ellas se encontraban las coronas de la Virgen de Covadonga, y también es probable que rechazasen los paquetes de billetes nuevos cuyos números de serie estarían controlados y podrían delatarles en un futuro.
Paco Ignacio Taibo, gran conocedor de este episodio, afirma que las sacas con el dinero se enviaron en un primer momento a la zona de Sotrondio por orden de Graciano Antuña, natural de la zona. Luego, llegó la noche del pánico del día once de Octubre y los dirigentes prepararon la huida porque parecía que todo iba a derrumbarse en cuestión de horas. Fue entonces cuando parte del botín viajó de vuelta de Sotrondio hasta los alrededores de Oviedo. Bajo control de los hombres de Antuña, se hizo el reparto entre los dirigentes presentes que, a continuación, se dirigieron a sus zonas de influencia para, al mismo tiempo que les entregaban cantidades de dinero a los jefes y cuadros locales, transmitirles el acuerdo del Comité de la Alianza de dar la revolución por perdida, iniciar la retirada escalonada y abandonar la lucha, toda vez que en el resto de España el gobierno controlaba la situación. Fue un reparto caótico y arbitrario, como correspondía a las circunstancias y al momento, al que siguió una segunda redistribución de fondos entre los militantes de menor rango. El catedrático David Ruiz, en su reciente libro Octubre de 1934, sostiene que: "anarquistas y comunistas negaron haber recibido cantidad alguna". Pero en Grado, dominado por los comunistas, se asaltó la sucursal del Banco Herrero, y en La Felguera, los cenetistas violentaron la caja fuerte de la Duro Felguera.
El diputado en Cortes y ex alcalde de Mieres, Ramón González Peña, transportó y entregó personalmente el dinero para los comités de la cuenca del Caudal. Ramón y su hermano Manuel, que le sucedió al frente de la alcaldía de Mieres, eran conocidos en la zona como "los valdunos", y en Valduno buscaron refugio esa noche. Valduno es un pueblecito situado en la ribera del Nalón, en el concejo de Las Regueras. Allí vivía Cornelio Fernández, amigo de Ramón González Peña desde la niñez y uno de sus mejores hombres de confianza. Cornelio y su hermano Constantino habían sido ya los que facilitaron el escondite para el alijo de armas del vapor Turquesa en el mes de Septiembre. Y en Valduno pasaron esa noche la mayor parte de los miembros de este primer comité de la Alianza Obrera. Al día siguiente, iniciaron la huida o la búsqueda de un escondite. Algunos volvieron a reincorporarse a la lucha, que continuó bajo una nueva dirección. Y no se olvide que fue un hombre del SOMA, un socialista, Belarmino Tomás, el que tuvo que dar la cara, y arriesgar la vida, para entrevistarse con López Ochoa, general en jefe de las fuerzas gubernamentales, y negociar las condiciones de la rendición de los revolucionarios.
A modo de balance del botín.
Derrotada la revolución, ocupada militarmente Asturias, comenzó una cruel represión, moderada por un gobierno y un régimen que, aunque de derechas, no dejaba de estar controlado y asentado en un sistema republicano y liberal. Nada que ver con lo que ocurriría tres años más tarde.
Inmediatamente de quedar restablecida la situación, el Banco de España envió al inspector general Crescencio Mendoza, antiguo director de la sucursal de Gijón, acompañado de personal propio. Pocos días después, llegó de Madrid una comisión especial del Banco formada por el subgobernador primero, Pedro Pan López, y los consejeros conde de Limpias y Fernández Aritio.
Mientras Mendoza permaneció en Asturias hasta mediados de Diciembre, el subgobernador y los consejeros regresaron a Madrid a los pocos días, de manera que en el consejo de ministros que se celebró el día 30 de Octubre, el gobernador del Banco de España, Alfredo de Zavala, invitado a asistir al mismo, pudo presentar un informe sobre el asalto a la sucursal de Oviedo.
Pero no fue el Banco de España el único en sufrir la "expropiación revolucionaria". En la caja fuerte de la Duro Felguera de la sede central de La Felguera se guardaban unas seiscientas mil pesetas (162 millones pts. de 2001) que estaban destinadas a pagar el día cinco las nóminas del personal del tren de laminación y de las minas. Los cenetistas de La Felguera, utilizando sopletes, solamente pudieron abrir un hueco y hacerse con unas 250 mil pesetas (67 millones pts. de 2001): ¿Sería parte de este dinero el que traía para Gijón el dirigente sindicalista José María Martínez cuando halló la muerte en Sotiello? Hay quien vincula su misteriosa muerte con el asalto al Banco de España. Sólo está constatado que asistió en Oviedo a la disolución del primer Comité Revolucionario el 11 de octubre y luego se desplazó a La Felguera para comunicar la decisión a sus compañeros de CNT. Regresó andando hacia Gijón y apareció muerto en Sotiello, a ocho kilómetros de la ciudad. Se especuló con un accidente fortuito con su pistola, con un suicidio y hasta con un ajuste de cuentas interno por la oposición de los faístas a la Alianza Obrera. Una investigación hecha por la CNT estableció que había sido un accidente. ¿Un accidente con una pistola alguien que había tenido pistola toda la vida? ¿Puede suicidarse quien tiene encomendada una misión de la que dependen la libertad y la vida de muchos compañeros? ¿Qué fue de ese dinero que supuestamente traía con él? La familia de José María Martínez publicó su esquela en un lugar destacado de los periódicos El Noroeste y La Prensa: ¿se acostumbra a publicar las esquelas de los suicidas? ¿O sería ése el único gesto de protesta y denuncia que se pudo permitir la familia de José María Martínez?
También en los periódicos de aquellos días apareció un anuncio un tanto esperpéntico. Parece ser que se había extendido entonces el bulo de que el Banco Herrero había recibido trato de favor por parte de los revolucionarios. Así que el consejo de administración y la dirección del banco se creyeron en la obligación de precisar que no solamente no mantenían relaciones comerciales ni con Avance ni con el SOMA, sino que hasta el propio Amador Fernández les había escrito para quejarse de que no se les hubiera concedido un crédito de 50.000 pts. (13 millones pts. de 2001), carta que el Herrero había depositado en una notaría como prueba. También se aclaraba que si la cámara acorazada de la sede central en Oviedo no había podido ser violentada, había sido debido a la solidez de la misma, pues los revolucionarios lo habían intentado, ocasionando graves daños. Además, habían sido asaltadas las sucursales de Grado, Pola de Siero, Sama y Mieres, con un botín superior a las trescientas mil pesetas (81 millones pts. de 2001). Los revolucionarios que entraron en la sede del Banco Herrero en Oviedo habían conseguido detener al cajero y al interventor, pero no pudieron localizar al director, que tenía en su poder la imprescindible tercera llave para abrir la caja fuerte.
Realizados los trabajos previos por la comisión inspectora del Banco de España, el día veintitrés de Octubre zarpó de Santander con destino a Gijón el vapor Escolano. A bordo transportaba una carga ligera, pero de mucho peso económico: catorce millones de pesetas con destino a la sucursal del Banco de España en Gijón. La vida continuaba y el dinero volvía a ser tan necesario como siempre.
Para tratar de recuperar el botín o parte del mismo, el vicesecretario del Banco de España firmó en Madrid la autorización de unas recompensas. Se publicó como un anuncio en la prensa. El importe era de 250 mil pesetas (67 millones de pts. de 2001) para la persona o personas que señalasen una pista que condujera a la recuperación de los más de 14 millones, y proporcional a las cantidades menores que se recuperasen. Otra prima de 250 mil pesetas se concedía a los que se pudieran hacer con el botín y entregarlo en el Banco, manteniendo la proporcionalidad de la prima para el dinero del robo que se entregase. A finales de Noviembre, se jubiló al director de la sucursal de Oviedo, Justo Alvarez Amandi, y el cajero, Eduardo Taulet, fue trasladado a la sucursal de Segovia.
Guardias Civiles delante del millón de pesetas
recuperado en la zona de Las Regueras.
Como consecuencia de las detenciones practicadas por la fuerzas y cuerpos de seguridad de la II República, capitaneados por el comandante Doval, y de sus habilidosos interrogatorios, a finales de 1934 se habían recuperado 2.634.293 pts. (710 millones de pts. de 2001). La cantidad más importante, 1.325.000 pesetas se recuperó en el monte La Parra, en Las Regueras, tras la detención de Cornelio Fernández. Su hermano Constantino, también detenido, se tiró al Nalón, que bajaba muy crecido por las nevadas. Iba conducido por la Guardia Civil y se tiró, o le tiraron, en el lugar de Pradón, cerca de Valduno. Su cuerpo, con las manos esposadas, apareció meses después río abajo. Cornelio y sus hermanos habían emigrado a América y regresado después. Cornelio Fernández, íntimo de Peña, había sido concejal y alcalde socialista de Las Regueras. Cornelio pudo escapar tras la guerra civil y volver a Cuba, pero ya no pudo regresar jamás a España. Su familia de Valduno sólo le pudo saludar en Portugal, por donde había huido, en 1954.
Durante los primeros meses de 1935, la policía continuó recuperando cantidades de dinero. Solía ser muy frecuente entonces que, para preservarlos de la humedad, se guardasen los billetes en unas de aquellas latas en las que venía envasado el dulce de membrillo y luego las enterrasen en huertos o prados. Los detenidos, tarde o temprano, terminaban por "cantar". Manuel Rozada, que se había refugiado en Caso, fue localizado, detenido e interrogado. Así pudo la policía dar con un escondite en la zona de Sotrondio en el que se guardaba casi un millón de pesetas. Junto con los hallazgos de otras cantidades mucho más pequeñas, al final, la policía consiguió recuperar más de cuatro millones y medio de pesetas, o sea, el equivalente a 1.234 millones de pts. de 2001, de los 3.889 millones robados.
Entre los miles y miles de detenidos, únicamente de uno de ellos dieron noticia los periódicos como participante directo en el asalto al Banco de España. Se trataba de Jesús Ferro López, natural de Galicia, que llevaba cuatro años trabajando en las minas de Carbayín. Según la policía, había confesado ser el que colocó la dinamita.
El escritor Paco Ignacio Taibo es el autor de dos tomos dedicados a la Revolución asturiana de Octubre de 1934. Además de lo exhaustivo de su trabajo de investigación, tuvo la suerte de poder entrevistar en el exilio a muchos de los protagonistas de la Revolución. En su balance del asalto a la Banco de España de Oviedo afirma que, descontadas las cantidades recuperadas por la policía y unas cuatrocientas mil pesetas cuya numeración pudo ser anulada por el Banco, quedaron en poder de los revolucionarios nueve millones y medio de pesetas (2.560 millones de pts. de 2001). Según PIT cinco millones de pesetas acabaron depositados secretamente en Bruselas, después de haber pasado por París. Estuvieron bajo la administración directa de Amador Fernández y el control de Graciano Antuña y Belarmino Tomás, que habían conseguido salir de España.
Dice también Taibo que, a mediados de 1935, Amador Fernández, Ignacio Lavilla y Belarmino Tomás viajaron a Alemania para comprar una rotativa nueva para editar en el futuro el periódico Avance. Pero antes, pasaron por Suiza. Cantidades importantes de esos cinco millones se destinaron a comprar en Oviedo el solar y a construir el edificio para Avance y la Casa del Pueblo, el resto, descontados medio millón del atraco sufrido en la sede del comité del exilio en París y la huida de un militante a la Argentina con 250 mil pesetas, se depositó en dos cuentas bancarias en Bruselas, cuyos fondos, según Taibo, fueron utilizados meses después, durante la guerra, por el gobierno asturiano en sus transacciones internacionales.
Los cuatro millones que quedaron ocultos en Asturias sirvieron para financiar las redes clandestinas montadas para sacar de España a los perseguidos. Otra parte se destinó a atender los gastos de la defensa jurídica de los detenidos y a ayudar a sus familias y a las viudas de los fallecidos en la lucha. Clausurado Avance, con ese dinero se compró la imprenta en la que, sucesivamente, se editaron La Tarde, El Pueblo y Asturias. Finalmente, parte de esos fondos sirvieron para financiar la campaña electoral.
Tras las elecciones de Febrero de 1936 que dieron el triunfo al Frente Popular y el regreso de los exiliados, la dirección de la FSA creó un comisión de investigación formada por Laureano Prado, Jesús de la Vallina, Luis Oliveira y Manuel Martínez. El comienzo de la guerra en Julio impidió que culminara sus trabajos.
Etelvino González reproduce en su reciente libro Ni cautivos ni desarmados un carta de Inocencio Burgos y José Barreiro a la Comisión Ejecutiva del PSOE. En ella se afirma que el Consejo de Asturias y León trasladó a manos del Gobierno (tras derrumbarse el Frente Norte en Octubre de 1937) valores en dinero, metales, piedras preciosas y similares por un importe superior a los dos mil millones de pesetas (del año 1937). En contraposición a lo hecho por el gobierno vasco, que lo mantenía en bancos franceses bajo su control.
Pablo Castellano, uno de los dirigentes más activos del PSOE en la clandestinidad, aseguró haber visto en la sede socialista de Toulouse, pocos años antes de la muerte del general Franco, una maleta con dinero que provenía de aquella "expropiación revolucionaria", dinero que también había sido utilizado para mantener la lucha del maquis.
Puesto en contacto con PIT, éste recordó que "las familias de Antuña, González Peña, Belarmino, Amador y ellos mismos en el exilio mexicano vivían de manera muy modesta." "Estoy seguro, absolutamente, que nadie se pringó", afirmó con rotundidad.
No se puede finalizar este artículo sin mencionar el lamentable funcionamiento de los archivos de los organismos oficiales a los que se solicitó información sobre la documentación existente en relación con el asunto tratado en este artículo: Ministerio del Interior, sin respuesta. Archivo del Banco de España (tras mucho rogar e insistir) un pdf de una hoja de la referencia en la Memoria de 1934 (por sugerencia mía) y otro pdf de una hoja con el acta de la reunión del 20-10-34. Archivo Histórico de la Guardia Civil: fotocopia (4 hojas a doble cara) del tomo cinco de la Historia de la Guardia Civil, del general Francisco Aguado. Más diligente e interesante resultó la documentación enviada por el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca y los planos y fotos antiguas del Archivo Municipal de Oviedo.
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Principal bibliografía:
La comuna asturiana. De Bernardo Díaz Nosty.
Asturias 1934 (2 tomos). De Paco Ignacio Taibo.
José María Martínez. De Ramón Alvarez Palomo.
Colecciones de periódicos de la época.
www.asturiasrepublicana.com
 
La abundancia de dinamita y dinamiteros favoreció
el deslizamiento revolucionario en Asturias.
En la foto, guardias civiles con cajas de dinamita
recuperadas tras el fin de los combates.

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